domingo, 14 de febrero de 2010

ANDY SOTIRIOU. LA POESÍA DE UN FOTÓGRAFO



Hoy no es un libro lo que comento, aunque me siento como si hubiera leído varios. Navegando por la red, en Getty images, he descubierto un fotógrafo, Andy Sotiriou, con cuyas fotografías (más de mil) podrían ilustrarse ─y, de hecho, se ilustran─ publicaciones de todo tipo. En la Web de Sotiriou me imagino las MEMORIAS de una vida rica, cosmopolita, en la que todo es mestizo; desde sus raíces ─Inglaterra y Chipre─, hasta sus intereses ─ciencia y artes visuales─, que él vinculó muy pronto con la fotografía.


Parte trasera de la carrocería de un coche antiguo, Andy Sotiriou. Portada de disco

Sotiriou creció en el West End de Londres, el principal distrito de ocio, cultura y compras de la ciudad. Desde su adolescencia, en los años sesenta, recorrió calles llenas de locales nocturnos, restaurantes, teatros, cines, agencias publicitarias… Vivió de cerca la revolución de la música y la moda, y se sintió fascinado por los descubrimientos científicos y la tecnología de la época.

Bolas levitando, Andy Sotiriou, Getty images
Más tarde, mientras estudiaba física, dirigió la Sociedad Fotográfica de la Universidad de Londres. Quizás por eso, muchas de sus fotos me hacen sentir que estoy leyendo PUBLICACIONES TÉCNICAS Y CIENTÍFICAS. Igual me da que me hablen de las encimas que de los códigos binarios; del efecto invernadero o de la eficacia de los antibióticos… Cada imagen de Sotiriou me atrapa con la fuerza de un gran campo magnético.

Después de graduarse, la obra de Sotiriou se transformó en un LIBRO DE VIAJES; pues, mientras decidía qué hacer a continuación, pasó un año recorriendo Estados Unidos con su máquina Nikon (Nueva York, Oregón, San Francisco, Georgia, Chicago, Alabama, Arizona, Texas, Carolina del Norte…).

Señales en un rincón de Nueva York, Andy Sotiriou, Getty images

A su regreso a Londres, puso la primera tienda de ropa punk y rock en el West End, Kitsch22. Montó su estudio en la trastienda, donde comenzó una expresiva colección de retratos que no ha dejado de engordar hasta hoy y que podría leerse como si formase parte de una gran colección de BIOGRAFÍAS.

John Dove. Kitsch22, Andy Sotiriou. Archivo personal del artista

A finales de los años 70, Andy dejó la boutique y comenzó a trabajar como fotógrafo independiente a tiempo completo. Abordó el cine, la publicidad y la fotografía de viajes. Aquellas imágenes forman el CATÁLOGO de un PAISAJISTA pues, a través de él, me interno en sugerentes paisajes rurales (aldeas, campos arados, praderas, caminos, viñedos, bodegones de especias, ristras de guindillas, pajares, rebaños…) y en inquietantes y plásticos paisajes urbanos (autopistas congestionadas; escaleras mecánicas; estaciones de metro; distritos comerciales; barrios chinos; rascacielos…). Después, miro sus iglesias, catedrales, castillos, mezquitas, palacios, jeroglíficos y estatuas colosales, y me imagino en un libro de HISTORIA DEL ARTE. O ante una GUÍA TURÍSTICA universal. Busco el norte con un compás en sus mapas antiguos, y veo por primera vez incluso los lugares que ya había visto.

Parque Nacional Yosemite. California. Andy Sotiriou. Revista LIFE

Con él, me voy con gusto de aeropuerto en aeropuerto. Tan pronto me traslada en tren de carga como en bicicleta. Voy en Góndola por Venecia; en falúa por el Nilo; en camello por el desierto; en una tabla de windsurf sobre el Lago di Garda; en avión por las nubes; en ferry por Manhattan; en tranvía por Viena; en patines por Hyde Park…

Patinaje urbano. Exposición múltiple. Andy Sotiriou, Getty images

Actualmente, Andy Sotiriou vive en la provincia de Murcia y continúa ampliando la gama de sus temas.

Cabra y músico callejero, Andy Sotiriou. Postal


Su álbum es ya tan amplio, que podría ilustrar ─y, de hecho, ilustra─, ENSAYOS y REVISTAS ESPECIALIZADAS en cualquier asunto (arquitectura e interiorismo, construcción, economía, botánica, zoología, industria, ecología…).

Sin embargo, la lectura que más me gusta hacer, es la de su POESÍA; una poesía simbólica y urbana, personalísima. Sotiriou no sólo es capaz de hacerme caminar sobre confeti y pétalos de rosa, sino de hacerme respirar el vaho de sus alcantarillas. De un soplido, vacía el corazón de una nube y me lleva de viaje en el tiempo de un reloj distorsionado. Cuando se pone a crear, relampagueo en sus tormentas, saboreo árboles de azúcar, me distorsiono con su movimiento, abro ventanas de luz, y oigo crepitar sus bosques incendiados.

Ventanas iluminadas de un edificio al anochecer, Andy Sotiriou, Getty images

miércoles, 3 de febrero de 2010

LITTLE BECKY, Escuela de Escritura Alternativa de Ada Menéndez y María Paseli


He asistido, más o menos de cerca, a la formación de alguna que otra escuela de escritura y, en general, salvo en casos aislados de profesores con demasiado ego ─de esos que, más que una escuela, intentan crear una secta o un club de fans─, no me parecen mal… para empezar. Por eso le presté atención al enlace que me remitió una amiga hace días. A través de él, visité el blog de la Escuela de Escritura Alternativa LITTLE BECKY, fundada por la escritora asturiana Ada Menéndez, que ofrece una propuesta literaria nueva.

No conozco esta escuela personalmente, puesto que ni siquiera ha acabado de nacer, pero me gusta ver germinar semillas y estaré al tanto de su evolución. Abrirá sus puertas ─reales y online─a mediados de este mes y ofrecerá talleres de ilustración (impartidos por María Paseli), literatura infantil-juvenil, escritura creativa, land art literario, poesía alternativa, mujer y poesía y poesía erótica… Algunos de estos talleres prometen recuperar a la niña o al niño que llevamos dentro e instruirnos en las imágenes poéticas; hablarnos de las personas y cosas para las que escribimos; del realismo sucio; de la poesía canalla; de la poseía visual, sonora, perfopoesía, spoken word, polipoesía… no suena mal.

Personalmente, los retos que un aula de escritura creativa puede proponerle a un autor siempre me han resultado apasionantes. ¿No es tentador que alguien nos obligue a ir en busca de una idea? Yo creo que sí; porque, al final, la idea se encuentra y las palabras empiezan a brotar para formar una obra literaria; o sea, un tesoro. Al final, muchos de estos talleres pueden proporcionarnos herramientas para construir ese texto que antes no sabía cómo escapar de la nada. Si escuelas literarias ─como LYTTLE BECKY─ consiguen que llenemos un papel en blanco con una acción y con una trama, con mensajes, personajes y diálogos (como si el papel fuese el tablero de un juego tan vital como el literario), bienvenidas sean las reglas de la gramática y todo lo que quieran enseñarnos. ¿Habrá algo más absorbente que aprender a dosificar el tiempo y la tensión narrativa?; ¿algo más apasionante que abrir y cerrar fronteras entre la realidad y ficción?; ¿algo más conmovedor que reconocer nuestra propia voz al escuchar aquello que decimos? La creación nos acaba creando a nosotros mismos… eso creo.

Estudien, analicen y decidan si una escuela es el camino que quieren elegir para romper el hielo literario (o pictórico, en el caso de la ilustración). Si es así, tengan en cuenta que a una escuela hay que pedirle varias cosas:

●profesores honestos (de los que no se guardan nada en exclusiva para sus propios libros);
●que nos ofrezca mucho material de trabajo e interesantes propuestas de ejercicios creativos;
●que nos remita comentarios constructivos para nuestros escritos;
●que nos haga participar en foros o reuniones (aunque sólo sean reuniones con nosotros mismos);
●que alimente nuestra creatividad y encuentre nuestra inspiración con métodos diversos;
●que nos oriente en los modos de difundir nuestra obra: Internet, blog, redes sociales, poesía en los bares, centros sociales okupados, librerías independientes, acciones callejeras y urbanas, colectivos artísticos, poesía solidaria, medios de información alternativos, espacios abiertos y cerrados de nuestra población, oído a oído, editoriales independientes, autoedición, coedición, libros electrónicos, portales digitales…
●que nos ayude a construir nuestro propio camino, alimentando nuevas visiones y formas de entender la creación literaria... ¿Que por qué?, pues porque en el mundo no sólo existen los cuatro escritores de éxito que publican, ni tampoco son únicas sus cuatro formas de hacer literatura. Hay por ahí otras muchas voces heterogéneas con visiones personalísimas de lo literario que también deberían ser escuchadas…

Más información sobre LYTTLE BECKY y sus métodos, programación, tarifas, duración de los cursos, horarios, funcionamiento de los talleres online y presenciales, etc., etc., en:
http://escrituralternativa.blogspot.com; escrituralternativa@gmail.com, o en los teléfonos 91 256 78 71 y 617 32 42 73